Mafalda. 50 años.

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Mafalda. 50 años.

Por Sergio Sarmiento*

“La vida es como un río, lo malo es

que todos creen saber hidráulica”.

Mafalda

Mafalda ha sido desde hace mucho tiempo la filósofa más importante de Latinoamérica. Pero sólo hasta ahora empieza a reconocerse su importancia.

No, no me sorprende que Quino, peor conocido como Joaquín Salvador Lavado Tejón, haya sido designado ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Entiendo que la propia Mafalda, quien en realidad debería ser la ganadora, no puede recibirlo por ser menor de edad. Es verdad que en septiembre se cumplirán 50 años desde la primera publicación de sus tiras, pero eso no significa que haya dejado de tener 6 años.

No faltará quien vea a Mafalda como una simple niña malcriada y rebelde. Si Popeye enseñó a varias generaciones a comer espinacas, Mafalda encabezó un movimiento de resistencia entre los niños para no permitir que sus madres los obligaran a comer sopa.

Hay quien quiere despreciar el legado filosófico de Mafalda porque su obra quedó plasmada en tiras de secuencia o en pensamientos sueltos. Quienes así lo dicen no han leído los “Pensamientos“, de Pascal, o las “Investigaciones filosóficas”, de Wittgenstein.

Pero el mundo se encargaba de recordarle constantemente su realidad, como en aquella ocasión en que al detenerse tras mecerse en el columpio reflexionó: “Como siempre, apenas pone uno los pies en la tierra se acaba la diversión”.

Del optimismo al pesimismo existencial no había más que un paso: “¡Paren el mundo! ¡¡¡Me quiero bajar!!!”.

Mafalda era fundamentalmente una humanista, pero eso no significaba que pudiera llevarse con cualquiera.

“Amo a la humanidad“, reconocía: “lo que me revienta es la gente”.

El rechazo no significaba que no estuviera abierta a otras opciones: “El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta”.

Aceptaba que en la sociedad hay individuos rectos, pero advertía: “Tenemos hombres de principios, lástima que nunca los dejen pasar del principio”.

Mafalda era despreciada por algunos por su apariencia, pero ella tenía plena confianza en sí misma. “Dios hace todo perfecto, pero no hay duda: ¡conmigo se lució!”.

Ante algunas críticas malintencionadas sobre su figura respondía: “No estoy gordita, sólo llenita de amor”.

Incluso al enfrentarse al amor establecía sus prioridades con mucha claridad: “No sé si enamorarme o hacerme un sándwich, la idea es sentir algo en el estómago”.

A 50 años de su nacimiento, Mafalda sigue siendo luz de reflexión. Hasta los académicos empiezan a darse cuenta.

http://www.elnorte.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=27315

 

Acerca de humbertocueva

Humberto Cueva García se tituló en la Escuela Normal “Miguel F. Martínez” de Monterrey, NL. Profesor de escuelas primarias y secundarias, tiene grado de maestría en Español por la Escuela de Graduados de la Normal Superior , en la cual ha impartido cursos de didáctica y literatura contemporánea. Asesor técnico-pedagógico de la aplicación y seguimiento del Programa de Español en escuelas secundarias de Nuevo León . Desde 1992 es autor de libros de texto de Español para primaria y secundaria editados por la Editorial Trillas. Conductor de talleres de actualización docente a nivel nacional y regional invitado por la SEP de 2006 a la fecha.
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