La noche boca arriba. Cuento de Julio Cortázar.

La noche boca arriba

Cuento de Julio Cortázar comentado por Ricardo Bada*

En “La noche boca arriba”, el protagonista cree ser un motociclista que tiene un grave accidente por evitar atropellar a una mujer, y cuando reacciona de su desmayo lo llevan a una farmacia, de donde luego lo trasladan en ambulancia a una clínica. Allí, tendido en una camilla, ve que se le acerca “el hombre de blanco, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado detrás”. Y tras una cesura en la página sigue la narración: “Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada comenzaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían”. Más adelante, luego de haber estado a punto de caerse de la cama en la clínica, una enfermera le trae un caldo sustancioso, y pan, “más precioso que todo un banquete”. Pero en la fiebre del siguiente abandonarse, lo persiguen de nuevo los aztecas y “moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas”. Vuelve a despertar y vuelve a caer en el delirio, donde “lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno”. Y lo llevan a la cumbre de la pirámide por un pasadizo que parece no tener fin y del que despierta en la clínica, pero la modorra lo aplasta de nuevo y en ella ve cómo llega el sacerdote con el cuchillo de piedra en la mano y sabe que el sueño en realidad fue otro, “absurdo como todos los sueños, un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas”.

En sus Clases de Literatura (2013), que recogen las que dictó en Berkeley en 1980, y dialogando con los alumnos acerca de este cuento, Cortázar dice que “el que está soñando es un indio de la tribu de los motecas, nombre que inventé, y este personaje sueña que poseía una motocicleta”.

*nexos en línea. WWW.NEXOS.CO.MX

1 de agosto 2017

 

Acerca de humbertocueva

Humberto Cueva García se tituló en la Escuela Normal “Miguel F. Martínez” de Monterrey, NL. Profesor de escuelas primarias y secundarias, tiene grado de maestría en Español por la Escuela de Graduados de la Normal Superior , en la cual ha impartido cursos de didáctica y literatura contemporánea. Asesor técnico-pedagógico de la aplicación y seguimiento del Programa de Español en escuelas secundarias de Nuevo León . Desde 1992 es autor de libros de texto de Español para primaria y secundaria editados por la Editorial Trillas. Conductor de talleres de actualización docente a nivel nacional y regional invitado por la SEP de 2006 a la fecha.
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