Descolgarse de las pantallas

Rosa María Torres

Bonil

Niños y niñas han sido los más perjudicados con el cierre de las aulas durante el confinamiento producto de la pandemia. Casi diez meses encerrados en sus casas. En jaulas de oro algunos, otros en espacios precarios y hacinados a los que es difícil llamar ‘casa’.

Se creyó que la educación remota con sede en el hogar – como se la llamó – sería una ‘solución’ provisional, de poco tiempo, y terminó prolongándose hasta el fin de 2020 y no sabemos por cuánto más en 2021.

Han padecido los desconectados, los alumnos y las familias sin conexión a internet y sin dispositivos digitales, vale decir, los pobres, los que viven en zonas rurales y de difícil acceso o en barrios marginales en las ciudades, quienes han quedado a merced de la radio, la televisión y los materiales impresos, entregados estos a menudo con grandes sacrificios por profesores itinerantes y entregados.

Pero han padecido también los conectados, los alumnos con acceso a internet y a algún dispositivo digital, clavados durante horas frente a pantallas de diversos tamaños (los que permite cada economía familiar). Incluso niños pequeños, pre-escolares, han sido incorporados al ritual escolar virtual.

En sociedades como las nuestras, atravesadas por grandes desigualdades y no cabalmente informadas sobre los lados oscuros de la tecnología, es difícil aceptar la necesidad de dosificar el tiempo de pantalla y el tiempo de internet para niños y adolescentes y para los propios adultos, así como la necesidad de vigilancia ante los múltiples peligros que acechan a niños, adolescentes y jóvenes en el ancho mundo del internet.

Familias de toda condición social, desconcertadas, abrumadas, se han visto forzadas a improvisar un rol para el cual no están preparadas y se sienten impotentes, como nunca, para opinar o incidir de algún modo en las ofertas y demandas escolares. Planteles privados se han visto a menudo presionados a alargar la jornada escolar virtual a fin de justificar sus cobros ante padres y madres que consideran, apriorísticamente, que la educación virtual es más fácil y menos demandante que la presencial. Todos ellos vienen haciendo lo que pueden frente a una circunstancia insólita e imprevista, y en medio de los rigores y horrorres de la pandemia.

La pantalla, pequeña o grande, como sustituto espacio-temporal no solo del aula sino de la escuela. Un mosaico de caras sobre una superficie plana sustituye a la clase, a la experiencia escolar, a la interacción con los profesores y con los compañeros. El tiempo que dura la clase virtual anula y comprime todos los tiempos: el de los desplazamientos, el de las relaciones, el del estudio, el del recreo. 

Romina, cuatro años, amaba su escuelita, como la llamaba. Iba y regresaba feliz, caminaba la mitad del trayecto y la otra mitad la cargaba la abuela, preparaba entusiasta su mochila, hablaba luego hasta por los codos contando lo que había hecho en la escuela, lo que había aprendido, jugado, comido. En el fatídico año de la pandemia, Romina perdió todo eso de un día para otro. Hoy se harta rápidamente, se descuelga de la pantalla como el niño de la caricatura y pasa a otra cosa, dejando atónitas a mamá y a abuela. Ella, que amaba la escuela, que amaba aprender, no encuentra nada apetecible en la nueva coreografía remota.

Desde el inicio, sondeos y encuestas mostraron que niños y adolescentes extrañaban la escuela y que lo que más extrañaban era a sus amigos. Dibujos infantiles en muchos y diversos países del mundo dejaban ver estos reclamos. Por su parte, los adultos – padres y profesores – más preocupados por las “pérdidas de aprendizaje” y las posibles pérdidas de año de los alumnos que por las pérdidas de juego, movimiento, afecto, sociabilidad, aire libre.

Infinidad de fotos, videos y testimonios han mostrado en estos meses niños y niñas aburridos, tristes, solitarios, detrás de ventanas y puertas, acompañados en algunos casos por sus mascotas. Muchos de ellos despojados del desayuno o el almuerzo escolar, principal comida que hacían en el día. Muchos encerrados día y noche con sus castigadores y abusadores. Muchos extrañando esa escuela a menudo también violenta y castigadora, pero en la que hay la posibilidad de jugar, compartir, reír con otros niños.

No es posible sostener la situación actual por mucho tiempo más. No es recomendable ni para los niños ni para sus familias y profesores. Es urgente reabrir las escuelas, hoy vacías y deteriorándose, volver a las aulas, reencontrar a los amigos, recuperar el juego, la alegría, el contacto con otros niños.

El experimento social ya se ha hecho, con grandes costos económicos y sociales y en medio de gran premura e improvisación, y ha durado lo suficiente para dejar claro que las escuelas y los maestros son importantes e insustituibles, que la presencialidad es necesaria no solo para el aprendizaje sino para la vida, que la virtualidad es un mundo nuevo que requiere investigarse, experimentarse y trabajarse mucho más antes de pensar en universalizarlo para la educación y los aprendizajes escolares. Por muy chocante que esto resulte a los entusiastas tecnológicos que asocian innovación y avance con tecnología, y que están ya listos para prescribir educación remota y pedagogías híbridas como la “nueva educación post-pandemia” del siglo XXI. 

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Un niño y una clase virtual

 

 


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Escuelas: ¿abrir o no abrir?

Escuelas: ¿abrir o no abrir? porEduardo Andere *

Secundaria

( ¿Qué va a pasar? Hoy tenemos otro desafío, repleto de certidumbre: tragedia de aprendizaje y mayores rezago e inequidad)

Muchas cosas han sucedido desde marzo 11 de 2020 cuando la OMS declaró la pandemia global. Al principio de la pandemia casi todos los países del mundo habían cerrado las escuelas. En mayo empezaron a regresar, y, para septiembre de 2020, muchos países regresaron a la educación presencial completa o híbrida en el nivel básico, incluyendo el preescolar.

En Estados Unidos, la respuesta ha sido variada.  

Las escuelas en Europa de sistemas grandes como Alemania, España, Francia e Italia siguen abiertas a pesar de la segunda ola de contagios. Los alemanes decidieron cerrar a mediados de diciembre para reabrir en enero. Los suecos nunca cerraron. La gran mayoría de los países asiáticos permanecen abiertos.

México y otros países de América Latina continúan cerrados. El daño a los niños, y a su derecho a una educación de calidad, será irreversible. ¿Abrir o no abrir? Una tremenda decisión. 

Los niños mexicanos  están a punto de perder la primera mitad del ciclo 2020-2021.

Aun suponiendo que los niños regresaran en enero del 2021, ¿qué harán los maestros? ¿Tomarán el currículo del segundo semestre del ciclo anterior o partirán con el primer semestre del ciclo 2020-2021?

No hay forma de resarcir el daño. Lo que tenemos hoy es un calidoscopio de buenas intenciones con una ensalada de mediocres resultados o, peor aún, ni siquiera sabemos lo que tenemos. Algunos maestros trabajan más, otros menos. Algunos papás están involucrados, otros cansados. Algunas escuelas particulares sobreviven, otras cerraron. Algunos alumnos están conectados, la mayoría desconectados.

¿Y la SEP? Entiendo la enorme dificultad de tomar esa decisión de manera centralizada para todo el país o para una entidad completa, sobre todo con las tasas tan altas de defunción que tiene México en el caso del coronavirus.

Cuando empezó la pandemia, teníamos un desafío repleto de incertidumbre:

¿qué va a pasar?

Hoy tenemos otro desafío, repleto de certidumbre: tragedia de aprendizaje y mayores rezago e inequidad.

Urge un liderazgo que en la diversidad nos una, que oriente los esfuerzos de millones de maestros, papás, directivos, supervisores, asesores y alumnos hacia una meta concreta, pero, sobre todo, por un camino certero.

* en REFORMA(24 Dic. 2020).-

@EduardoAndere   

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¡FELIZ 2021 con vacunas para todos!

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Palabras del 2020 ( FundéuRAE)

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Reunión de maestros a distancia: 11 de diciembre 2020

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La Secretaría de Educación Pública (SEP), ha difundido la guía para la segunda sesión ordinario del Consejo Técnico Escolar (CTE) 2020-2021, a desarrollarse el próximo 11 de diciembre de 2020.

En dicho documento se menciona que esta sesión del CTE tiene como propósito que los docentes compartan prácticas innovadoras que han desarrollado en la educación a distancia y reconozcan los esfuerzos conjuntos realizados por los miembros de su comunidad escolar para garantizar el aprendizaje y el bienestar de sus alumnos.

El documento está organizada en tres apartados.

El primero se denomina I. RECUPEREMOS NUESTRA EXPERIENCIA EN LA EDUCACIÓN A DISTANCIA, en el que los maestros revisarán algunos elementos sobre el aprendizaje colaborativo y describirán una práctica innovadora que hayan implementado recientemente.

En el segundo apartado II. COMPARTAMOS NUESTRAS PRÁCTICAS PARA ENRIQUECERLAS, los maestros revisarán experiencias de otros docentes del país y presentarán las prácticas innovadoras que ellos han implementado.

En el tercer apartado III. RECONOZCAMOS NUESTROS ESFUERZOS, los docentes compartirán cómo se sintieron al intercambiar sus prácticas.

Descarga Guía para la segunda sesión ordinaria del Consejo Técnico Escolar 2020-2021 para preescolar, primaria y secundaria

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Aprendizajes agradables despiertan deseo de aprender más

¿Qué estrategias pueden favorecer que los estudiantes se entusiasmen con su aprendizaje?

Qué vas a encontrar en esta entrada

  1. Incluya medios atractivos
  2. Las actividades interactivas en la enseñanza virtual 
  3. Desafíe a sus estudiantes 
  4. Entregue parte del control a sus alumnos ¡déjelos tomar el volante!
  5. La enseñanza virtual requiere de comentarios oportunos
  6. Ofrezca una experiencia de aprendizaje agradable a los sentidos 
  7. Conclusión 
  8. Referencias 
  9. Recursos para seguir aprendiendo 
  10. Los mejores materiales educativos para el aula del siglo XXI 

https://educar21.com/inicio/

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Alfabetización. Emilia Ferreiro

“Los niños tienen la mala costumbre de no pedir permiso para aprender”.

Enlace de lectura y descarga enhttps://www.crefal.org/…/paideia/Emilia_Ferreiro.pdf

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Emojis: un lenguaje emocional

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Por Jorge Carrión*

Los emoticonos [:-)] y  los emojis [😊] representan el mundo tal y como lo entendemos en 2020. 

Aunque tengan más de veinte años de historia, los emojis se han vuelto imprescindibles durante la segunda década del siglo XXI, que ha estado marcada por las redes sociales y los teléfonos inteligentes. 

Ese vocabulario transversal de caritas y símbolos, ese traductor intuitivo de los estados de ánimo, ese generador simpático de notificaciones se ha convertido en la semántica y la gramática más extendidas de nuestra época.

Desde el punto de vista de los valores clásicos, los emoticonos suponen un retroceso, porque boicotean el aprendizaje de la ortografía o la formulación de párrafos con oraciones subordinadas. Desde la perspectiva de la viralidad, en cambio, se trata del grado cero de las neolenguas de nuestra época, una forma de expresión democrática y un importante puente entre personas de diferentes procedencias sociales, culturales y generacionales. Una inesperada versión icónica del esperanto.

La lengua planificada que creó el polaco L. L. Zamenhof en 1887 y que durante algunas décadas del siglo pasado pareció que podría conseguir imponerse mundialmente ha fracasado en su formulación lingüística original y en su espíritu utópico, pero ha triunfado en su evolución o traducción icónica y como marca registrada. Porque el idioma artificial tenía como objetivo ser patrimonio de la humanidad y asegurar la comunicación más allá de las barreras idiomáticas, étnicas y estatales. Y eso es, justamente, lo que permiten los emoticonos; pero su triunfo se ha debido al interés corporativo, el de la marca Emoji y el de los fabricantes de telefonía móvil y nuevas formas de comunicación.

Los emojis son fugaces como una carcajada o un sonrojo. Virales como memes que se pueden repetir hasta el infinito. Y, por acumulación, constituyen conversaciones que se parecen a cardiogramas, por su reproducción de los entusiasmos y los enfados del día a día.

Nuestra vida está llena de urgencias y, por tanto, de abreviaturas. Vivimos inmersos en una “cultura snack”, por usar la formulación que el ensayista argentino Carlos A. Scolari ha convertido en el título y el concepto central de su último libro. Por eso nos hemos acostumbrado a condensar las propuestas y respuestas emocionales y sentimentales, a comprimirlas en forma de una ráfaga de emojis, en vez desarrollarlas en largos mensajes de audio o de texto.

Mis hijos, que todavía no saben escribir, le envían emoticonos a sus abuelos. Mi madre se ha aficionado a este: 🐣. Cuando la ley y el virus lo permiten, les trae sus platos favoritos. En estos tiempos tan difíciles hay que decir más te quiero. Que cada cual lo haga como prefiera. Con palabras, con regalos, cocinando, con gestos, con canciones, con flores, con fotos, con vídeos o con ❤️.

Pero no seamos ingenuos. Al mismo tiempo que aprendemos a expresar nuestras emociones como no supieron hacerlo nuestros padres o abuelos, lo hacemos según los códigos que más le interesan a las plataformas que deciden las líneas mayores de la economía internacional. Si queremos entender las reglas de esa nueva realidad, la del capitalismo emocional, debemos preguntarnos las razones posibles de por qué expresamos la amistad, el cariño o el amor del modo en que lo hacemos. Solo el conocimiento y la crítica nos dan un cierto margen de libertad.

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Gran propuesta de materiales digitales que los alumnos puedan usar sin necesidad de contar con internet

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Daniel Santiago

Preocupados por el rezago educativo cada vez más grave en esta pandemia, más de 300 estudiantes del Tec de Monterrey y de otras universidades del País se organizaron para salir al rescate de la crisis educativa actual.

A través de dos iniciativas surgidas en diferentes ciudades, pero hermanadas, Tablet Aprendo, en Monterrey, y Share Plus, en Toluca, los jóvenes diseñan materiales educativos digitales que los niños puedan usar en casa sin necesidad de contar con conexión a internet.

La falta de acceso a la tecnología y de conectividad han sido el talón de Aquiles del sistema educativo nacional para enfrentar la necesidad de una educación a distancia.

Millones de niños se están quedando atrás, sobre todo en comunidades apartadas o marginadas, donde la apuesta nacional a clases por televisión ha resultado insuficiente.

“En pleno siglo 21, con tantas herramientas digitales, que no implementemos algo en el sector educativo es una de las grandes preocupaciones del proyecto”, dice Alejandro Gabriel Hernández, quien desde el campus Toluca del Tec lidera Share Plus.

DESDE TOLUCA

Alejandro fundó su movimiento en 2017 para llevar conferencias a jóvenes de secundarias y preparatorias. Al llegar la pandemia buscó otra forma de seguir ayudando a la educación.

“Queríamos algo que los profesores realmente necesitaran para que lo usaran de acuerdo a su plan de estudios“, cuenta el joven de 21 años, estudiante de ingeniería industrial y de sistemas.

A través de herramientas de Office, Alejandro comenzó a trasladar el material de los libros de texto oficiales a pequeñas cápsulas interactivas, enriquecidas con ejemplos y ejercicios; personajes y animaciones creadas por voluntarios.

Pero se necesitaban manos para las más de mil cápsulas de primaria y secundaria, por lo que Share Plus abrió una convocatoria. Más de 300 jóvenes del Tec y universidades como Unitec, UNAM, del Politécnico, la Universidad de Guadalajara y de otras ciudades del País se sumaron.

La motivación fue ayudar a niños mexicanos, destaca Alejandro.

“Y empezaron a trabajar sin esperar nada a cambio”, señala el estudiante integrante del programa Líderes del Mañana del Tec.

Actualmente se cuenta con 500 contenidos o aplicaciones disponibles en una liga (http://bit.ly/SHARE_APPS) que se difunde libremente entre comunidades de maestros de todo el País.

También han logrado hacer alianzas. Una de ellas con el sector 9 de secundarias técnicas de Toluca, donde más de 15 mil niños usan estos materiales. La otra está es en Las Tórtolas, una comunidad rural de Nuevo León.

DESDE MONTERREY

Cuando la doctora Nancy Aceves, profesora del Tec de Monterrey, se enteró del proyecto de Tablet-Aprendo, no sólo decidió colaborar, sino también convocar a estudiantes voluntarios y de servicio social.

La respuesta fue inmediata y numerosa. Unos 40 jóvenes de distintas carreras se han apuntado convencidos del proyecto con el que el Fondo Educativo General de División Anacleto Guerrero Guajardo busca llevar contenidos a niños de escuelas multigrado rurales.

El Fondo tenía como idea original distribuir tabletas con aplicaciones descargadas de internet, pero Nancy, doctora en innovación educativa y tecnología educativa, propuso ir más allá: crear sus propios contenidos.

Desde sus casas en diferentes ciudades del País, los estudiantes del Campus Monterrey pusieron manos a la obra.

Las primeras tabletas con los contenidos descargados y listos para utilizarse se entregaron el mes pasado a los niños de la primaria Josefa Ortiz de Domínguez, en Las Tórtolas, General Terán, Nuevo León.

“Muchas veces por esto de las redes y demás se cataloga a los jóvenes de que no están preocupados por el futuro y demás”, señala Alejandro, “pero esto hace ver que sí, que hay una esperanza”.

https://www.elnorte.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?__rval=1&urlredirect=https://www.elnorte.com/rescatan-chavos-a-sector-educativo/ar2065446?utm_source=bcm_nl_noticias_norte&utm_medium=email&utm_campaign=nl_noticias_elnorte_20201106

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Niños en confinamiento

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Dalia Gutiérrez*

Desde hace casi ocho meses, los niños y las niñas han tenido que vivir  dentro de casa por las restricciones que trajo la pandemia del Covid-19. No han podido volver a la escuela, jugar con sus amigos ni convivir con otros pequeños.

Mamás y papás perciben cómo la falta de esas actividades básicas afecta a sus hijos.

El confinamiento ha impactado a todos, señala la psicoterapeuta Martha Patricia Zavala, pero en los niños las repercusiones son diferentes porque se encuentran en una etapa de desarrollo. Tanto tiempo sin salir del hogar ni convivir con sus contemporáneos puede afectar en su socialización, corporalidad y expresión del afecto.

“Es mucho más difícil porque están en proceso. Es diferente para un adulto que ya está constituido, a un niño que está en proceso de desarrollo, en reconocimiento de su cuerpo y sus emociones”, expresa la especialista en clínica con niños y adolescentes.

Una de las cosas más importantes para los chicos que se ve afectada en esta época es el juego, indica, una actividad natural en su edad que les permite procesar experiencias, comprender el mundo, aprender a convivir en sociedad y conocer su propio cuerpo.

“Puedes jugar en interiores, pero necesitas el mundo y necesitas a otros compañeros de juego”, indica. “Mucha transmisión sobre la vida, a los niños se la dan los niños mayores”.

Debido al encierro prolongado, la disminución de movimiento y la alta exposición a las pantallas digitales, los pequeños pueden presentar trastornos en la alimentación y el sueño, así como problemas en el desarrollo muscular y en la vista, apunta la pediatra Cipatli Ayuzo del Valle.

La pandemia del Covid-19 es uno de los peores momentos para ser niño, pues están prohibidos en la mayoría de los espacios, no comprenden lo que sucede, no tienen derecho a opinar y se les ha descuidado, dice la psicoterapeuta Zavala.

No basta con que sobrevivan, subraya, es indispensable atender su bienestar emocional.

“Fomentar ahorita actividades con otros niños, no es recomendable”, recalca.

Mantén comunicación con los chicos, explícales de forma clara por qué no pueden salir y trata de reducir su ansiedad… ¿cómo? La especialistas te dan estos consejos:

Juega con ellos. Llévalos a espacios aislados al aire libre. Realicen ejercicio juntos. Fomenta la socialización virtual de tu hijo con otros niños de su edad. Responde de forma clara sus dudas

https://www.elnorte.com/libre/acceso/accesofb.htm?__rval=1&urlredirect=/preocupan-ninos confinamiento/ar2064591?utm_source=bcm_nl_noticias_norte&utm_medium=email&utm_campaign=nl_noticias_elnorte_20201105

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